La Aprendiz III

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-Ése tiene buena pinta -murmuró al cabo de un rato.
 
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Ide no pudo decir a qué se debía la supuesta buena pinta. Parecía un edificio cualquiera, mugriento como todos los demás, erizado de extraños aparatos de aspecto sospechoso. La radio cobró vida nuevamente, con voces alienígenas que hablaban en hutt. Lionel respondió en tono profesional, y poco después aterrizó.
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-Estamos en la casa de Keel Wolkan. Estoy seguro de que tienen el dedo en el botón que nos vaporizaría -sonrió, con mirada ausente-. Bueno, por lo menos a mí.
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-Entonces, habrá que negociar antes de que lo intente -torció ligeramente la sonrisa, al acordarse de que estaban en Nar Shaddaa -. Parece que estás más familiarizado con el protocolo hutt que yo... ¿salgo a hablar con él o espero a que envíe a alguien?
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-Hum... depende de lo inofensivos que queramos parecer -Lionel arrugó la frente durante un instante, como si se lamentara de no tener tiempo para una exposición prolongada-. Salir se consideraría una pequeña demostración de fuerza. Nos daría kshii, pero probablemente lo impulsaría a probarnos, para asegurarse de que no queremos tomarlo mediante engaño -Resopló durante un momento-. Necesitaremos kshii para tratar con cualquiera en este planeta, pero hay más de una manera de obtenerlo. Y ahora mismo no tenemos ninguno. Supongo que por eso nos han disparado antes -miró a Ide, con expresión confusa-. No sé qué decir, señor.
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Ide reflexionó durante un instante. Durante su niñez en libros, y durante largas conversaciones con Anakin durante su exilio en Shadar IV, había aprendido bastantes cosas sobre la cultura hutt. No había pensado que incluso el propio idioma le podía instruir.
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La cultura hutt, rememoró Ide, está basada en acumular poder (k'shii, comprendió Ide) y ejercerlo sin escrúpulos. Las relaciones siempre tienen un componente de verticalidad que es consustancial a la propia cultura hutt.
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De forma, prosiguió Ide, que como somos recién llegados estamos en el fondo del escalafón social. Si una figura prominente nos reconoce como alguien con derecho a existir, subiremos bastante en la cadena alimenticia... pero esa figura prominente puede estar más deseosa de devorarnos que de concedernos prestigio.
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Así que es como en los documentales sobre la naturaleza, concluyó Ide, no podemos parecer amenazantes ni tampoco presa fácil. Cualquiera de esas dos cosas nos llevaría a ser... hum... depredados.
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Lionel tocó uno de los botones de la nave. Una pequeña pantalla se iluminó cerca de su codo. En el otro extremo del hangar una puerta se estaba abriendo. Lionel se volvió con una ceja levantada, en expresión harto elocuente. Cualquiera que fuera a ser la decisión de Ide, tenía que ser tomada ahora.
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'Determinación', pensó Ide. Era lo que debía mostrar. No eran enemigos de este hombre, pero tampoco había ninguna razón para hacerle pensar que eran presa fácil.
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-Vamos, padawan -dijo, abandonando su pose meditativa. Miró a Lionel-. Si fueras tan amable de quedarte en la nave... por si acaso.
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Se acercaron a la plataforma de salida, y Lionel la bajó de inmediato. Ide inspeccionó rápidamente el hangar, mientras bajaban por la rampa.
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Apenas llegaba a hangar. No era más una plataforma de aterrizaje rodeada de pareces de paredes de tierra apisonada de cuatro metros de alto, cubiertas de grafitti. Lionel había aterrizado cerca de la única pared sin puertas. Apilados de forma dipersa por toda la plataforma de aterrizaje había contenedores, casi todos metálicos y algunos de un material que Ide no reconoció, probablemente orgánico.
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Había decidido encontrarse con su anfitrión en potencia a medio camino entre la nave y la puerta del hangar. Como en Galmia, cuando participaba en una negociación entre dos territorios en guerra. En el centro, para mostrarle a Keel Wolkan que no eran invitados débiles, y que tampoco tenían intención de ser una amenaza.
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Mientras caminaba con paso firme, pudo estudiar al grupo. Eran nueve weequay aparentemente iguales, que se desplegaron para acercarse en semicírculo a Ide, con las armas bajas pero dispuestas. Ide no cayó en el error de considerarlos iguales. La forma de moverse, de reaccionar unos respecto de los otros, mostró a Ide que el líder era el segundo por la derecha. Ide reajustó su paso para caminar directamente hacia él, y se detuvieron. Arakosia se mantuvo dos pasos por detrás de Ide, y exudaba una confianza casi sobrenatural.

Revisión de 19:52 23 jun 2013

Cercanías de Nar Shaddaa, 14 de Abril, 9:00 de la mañana

Llegaron a la luna tres días y medio más tarde. Cuando Ide se despertó, Lionel le informó de que quedaba poco para salir del hiperespacio y comenzar las maniobras de aproximación al planeta.

Ide había programado un entrenamiento intensivo con Arakosia durante el viaje. Seguían, por supuesto, con el control emocional, pero empezaron con el control de la Fuerza Física. La telequinesis parecía ser algo desconocido para Arakosia, lo cual a Ide le pareció extraño, dado que suele ser una capacidad que se desarrolla rápido en los cultos del Lado Oscuro.

En los ratos libres, repasó los documentos que había preparado para él Jocasta Nu. Era obvio a primera vista que Jocasta había creado una recopilación que Ide no hubiera conseguido ni con la mejor de las suertes.

Buscó lugares relevantes, puertos espaciales, autoridades (por llamar de alguna forma a las figuras más significativas de la luna), y locales sociales más importantes. Trató de buscar alguna conexión en la luna con Gorgo, su contacto hutt, y se encontró con que había lugares a su nombre. Poco sorprendente, teniendo en cuenta que Nar Shaddaa era la luna de Nal Hutta, capital del Espacio Hutt. Probablemente había heredado esos lugares nada más nacer... o lo que hicieran los hutt.

Tuvo una extraña sensación al darse cuenta de que habían salido fuera del espacio de la República.

La información disponible era tan vasta que Ide se sintió un poco perdido. La lista de lugares relevantes era tremendamente grande, aunque llevaba asociada una advertencia que aclaraba que, dada la naturaleza ferozmente competitiva del ecosistema criminal, los lugares relevantes y sus descripciones deberían considerarse como meramente orientativos, excepto en lo tocante a los hutt. Los hutt, en cambio, tendían a permanecer constantes.

Las plataformas de aterrizaje eran un negocio común en Nar Shaddaa. Cualquiera con un local en los niveles más exteriores de la ciudad ponía una superficie plana orientada al espacio y le cobraba a quien quiera que apareciera por allí lo que viera conveniente. Los precios variaban enormemente, los robos de diversa magnitud eran comunes, y los intentos de comisión de muchos otros delitos eran prácticamente inevitables.

Era probablemente debido a lo extendido de esta práctica que Nar Shaddaa no disponía de ningún espaciopuerto.

Las autoridades locales, por supuesto, eran los hutt. Técnicamente, el mismo Gran Concilio Hutt que mandaba sobre el Espacio Hutt también gobernaba sobre Nar Shaddaa. En la práctica, cualquier hutt gobernaba sobre todo lo que veía, salvo que fuera propiedad de algún otro hutt. En ese caso, nadie tenía muy claro lo que pasaba, salvo que había un montón de etiqueta hutt de por medio y que los resultados rara vez eran agradables.

Lo social era una especie de locura incandescente, al mezclar los factores comerciales con los criminales, y añadir a los longevos, crueles y manipuladores hutt a la mezcla. Se podía considerar, no obstante, que cualquier hutt o lugarteniente de un hutt (los llamados vigo) era por derecho propio una figura social de relevancia.

Ide tenía unas coordinadas aproximadas como única fuente de información que le había proporcionado Tu'Ala. Por algo había que empezar, teniendo en cuenta que en el astro vivían alrededor de ochenta mil millones de seres.

-Lionel, esta es la información de la que dispongo. No tengo muy claro si existe siquiera un sitio seguro para aterrizar. Aunque se me ocurre que...

Gorgo. Tenía propiedades en la luna. Puestos a dejar la nave en cualquier sitio, quizá el mal menor sería dejarla en algún sitio en el que conocieran al dueño. Buscó rápidamente algún sitio adecuado donde aterrizar, propiedad del hutt, que estuviera por la zona.

-Nos acercaremos a esta plataforma. Vamos de incógnito, así que oficialmente venimos a recoger una mercancía que vamos a negociar aquí -Ide pensó por un momento, y luego reaccionó-. De todas formas intuyo que los controles de seguridad en este sitio van a brillar por su ausencia. Si hay que dar algún nombre para registrar la nave, da el mío.

Ide notó un tironcito de la manga izquierda.

-Maestro... ¿no sería una buena idea vestirse un poco más como... hum... personajes locales? La túnica marrón es bastante discreta, pero por debajo de eso vamos vestidos con ropa jedi.

-Buena idea, padawan. Acércate a los compartimentos y busca algo que te esté bien, y si puedes, algo para mí. De todas formas... creo que tu espada ya es un buen disfraz, en sí.

Ide llevaba su túnica púrpura, su pañuelo ámbar y sus guantes y pañuelo blanco, por lo que podía pasar por un comerciante venido a bien. Pero quizá fuera buena idea deshacerse del hábito jedi de abajo, como decía la niña.

Se cambiaron, y se prepararon para el descenso al planeta. A partir de ahora, habría que confiar en la Fuerza. Porque, dada la situación, Ide no creía que tuvieran muchos más amigos.

Arakosia volvió vestida con una especie de mono de mecánico azul marino. De su cintura colgaban varias herramientas, y en su espalda seguía la vaina de la espada. Cerca de su muslo había enfundado un pequeño blaster.

-Creo que estoy lista. ¿Cuál es el plan, maestro?

Antes de que pudiera contestar, una voz comenzó a hablar en hutt desde la radio. Lionel le contestó en tono seco. Cuando la radio enmudeció de nuevo, se volvió hacia Ide.

-Dicen que es propiedad hutt, acceso sólo por invitación, que no estamos invitados y que nos perdamos o nos borran del cielo -torció la boca en una especie de mueca sarcástica- ¿No puedes convencer al tío de la radio, verdad?

Ide se acercó al micro, con una mueca pensativa.

-Saludos -dijo Ide, en básico-. Me llamo Ide Kanor.

Esperó unos segundos, para comprobar que le entendían. La voz gritó algo en básico, que sonó tan mal que Ide se alegró de no entenderlo. Se volvió hacia Lionel.

-Si fueras tan amable de traducirme...

-Ah... Dice que esto es propiedad privada, acceso solo con... -frunció el ceño mientras buscaba la palabra mas apropiada- invitación -movió los ojos rapidamente-. Ahora dice: Esta es tu ultima oportunidad.

-Diles que soy Ide Kanor, y que he venido a hacer negocios en Nar Shaddaa -Ide esperó mientras Lyonel repetía en hutt-. No tengo ningún contacto aquí, y necesito un sitio seguro donde dejar mi nave -esperó de nuevo-. Dile que conozco a Gorgo, que he hecho tratos productivos con él, y que esperaba poder alquilar un espacio para mi nave el tiempo que esté aquí en una de sus propiedades.

Lionel varió el rumbo bruscamente. La nave se movió en algo alarmantemente parecido a una caída libre durante un par de segundos y luego sufrió una sacudida bastante seria.

La voz de la radio había pasado a ser amenazadora. Lionel no la tradujo, reservaba toda su concentracion para los controles de pilotaje. La nave sufrió otra sacudida.

-Señor, estamos a punto de perder los escudos -dijo, en voz muy controlada. Si no fuera por el sudor que perlaba su frente, hasta hubiera parecido tranquilo.

-Huye, esto ha dejado de ser una negociación -respondió.

-Síseñor.

El paisaje comenzó a girar alrededor de la nave. Los compensadores de inercia absorbieron la mayor parte de la fuerza centrífuga, pero aun así tanto Ide como Arakosia tuvieron que sujetarse para evitar chocar con las paredes y techo.

La nave se sacudió violentamente, y se sintió un crujido que procedía de alguna parte del casco de la nave.

-No pasa nada, daños superficiales -dijo Lionel como si no acabara de creérselo. En los controles parpadeaban insistentemente varias luces rojas.- ¿A dónde ahora, señor?

Ide no se lo acababa de creer. Lionel estaba sonriendo. Arakosia lo miraba con expresión alucinada.

Cuando Ide planificó el viaje, esperaba encontrar pocas facilidades en el planeta. Pero lo que nunca hubiera esperado era tener dificultades para aterrizar.

-Sube un poco, observemos un momento el tráfico. Es posible que haya alguna plataforma algo más grande y transitada. Dudo seriamente que a nadie se le haya ocurrido que a este planeta viene mucha gente sin invitación -imprimió algo parecido a la ira en la última palabra, pero fue prácticamente imperceptible. Al menos para aquellos que no hubieran oido muchas veces el tono de voz de Ide.

-De hecho, señor, el término que empleó el hombre al aparato se podría traducir también por "privilegio", o por "estatus". Es un poco como "que sepamos quien eres". El término es "kshii". Hay un refrán hutt que dice: "Kur hutt haraz, kur hutt kshii", es así como "En la casa del hutt, el hutt tiene la posición." O el renombre, o el privilegio... Bueno, también tiene que ver con un juego de estrategia hutt... -Lionel agitó levemente la cabeza, al ser consciente de que se estaba yendo por las ramas.- Las plataformas grandes son propiedad de grandes señores del crimen, mientras que las pequeñas son propiedad de maleantes de baja estofa o incluso de lo que en Nar Shaddaa pasa por gente honrada. Son más seguras las grandes, protegidas de acontecimientos aleatorios, quiero decir, pero seguro que habrá que negociar con el dueño... -sonrió de nuevo, de una forma que le recordó a Ide a un artista que conoció en su niñez en Naboo- ¿te apetece negociar ahora?

-Siempre me apetece negociar, Lionel -Ide le devolvió la sonrisa. Notó que sus hombros se relajaban ligeramente, y se dio cuenta entonces de que había estado tenso desde que empezaron a dispararles.

-Ése tiene buena pinta -murmuró al cabo de un rato.

Ide no pudo decir a qué se debía la supuesta buena pinta. Parecía un edificio cualquiera, mugriento como todos los demás, erizado de extraños aparatos de aspecto sospechoso. La radio cobró vida nuevamente, con voces alienígenas que hablaban en hutt. Lionel respondió en tono profesional, y poco después aterrizó.

-Estamos en la casa de Keel Wolkan. Estoy seguro de que tienen el dedo en el botón que nos vaporizaría -sonrió, con mirada ausente-. Bueno, por lo menos a mí.

-Entonces, habrá que negociar antes de que lo intente -torció ligeramente la sonrisa, al acordarse de que estaban en Nar Shaddaa -. Parece que estás más familiarizado con el protocolo hutt que yo... ¿salgo a hablar con él o espero a que envíe a alguien?

-Hum... depende de lo inofensivos que queramos parecer -Lionel arrugó la frente durante un instante, como si se lamentara de no tener tiempo para una exposición prolongada-. Salir se consideraría una pequeña demostración de fuerza. Nos daría kshii, pero probablemente lo impulsaría a probarnos, para asegurarse de que no queremos tomarlo mediante engaño -Resopló durante un momento-. Necesitaremos kshii para tratar con cualquiera en este planeta, pero hay más de una manera de obtenerlo. Y ahora mismo no tenemos ninguno. Supongo que por eso nos han disparado antes -miró a Ide, con expresión confusa-. No sé qué decir, señor.

Ide reflexionó durante un instante. Durante su niñez en libros, y durante largas conversaciones con Anakin durante su exilio en Shadar IV, había aprendido bastantes cosas sobre la cultura hutt. No había pensado que incluso el propio idioma le podía instruir. La cultura hutt, rememoró Ide, está basada en acumular poder (k'shii, comprendió Ide) y ejercerlo sin escrúpulos. Las relaciones siempre tienen un componente de verticalidad que es consustancial a la propia cultura hutt.

De forma, prosiguió Ide, que como somos recién llegados estamos en el fondo del escalafón social. Si una figura prominente nos reconoce como alguien con derecho a existir, subiremos bastante en la cadena alimenticia... pero esa figura prominente puede estar más deseosa de devorarnos que de concedernos prestigio.

Así que es como en los documentales sobre la naturaleza, concluyó Ide, no podemos parecer amenazantes ni tampoco presa fácil. Cualquiera de esas dos cosas nos llevaría a ser... hum... depredados.

Lionel tocó uno de los botones de la nave. Una pequeña pantalla se iluminó cerca de su codo. En el otro extremo del hangar una puerta se estaba abriendo. Lionel se volvió con una ceja levantada, en expresión harto elocuente. Cualquiera que fuera a ser la decisión de Ide, tenía que ser tomada ahora.

'Determinación', pensó Ide. Era lo que debía mostrar. No eran enemigos de este hombre, pero tampoco había ninguna razón para hacerle pensar que eran presa fácil.

-Vamos, padawan -dijo, abandonando su pose meditativa. Miró a Lionel-. Si fueras tan amable de quedarte en la nave... por si acaso. Se acercaron a la plataforma de salida, y Lionel la bajó de inmediato. Ide inspeccionó rápidamente el hangar, mientras bajaban por la rampa.

Apenas llegaba a hangar. No era más una plataforma de aterrizaje rodeada de pareces de paredes de tierra apisonada de cuatro metros de alto, cubiertas de grafitti. Lionel había aterrizado cerca de la única pared sin puertas. Apilados de forma dipersa por toda la plataforma de aterrizaje había contenedores, casi todos metálicos y algunos de un material que Ide no reconoció, probablemente orgánico.

Había decidido encontrarse con su anfitrión en potencia a medio camino entre la nave y la puerta del hangar. Como en Galmia, cuando participaba en una negociación entre dos territorios en guerra. En el centro, para mostrarle a Keel Wolkan que no eran invitados débiles, y que tampoco tenían intención de ser una amenaza.

Mientras caminaba con paso firme, pudo estudiar al grupo. Eran nueve weequay aparentemente iguales, que se desplegaron para acercarse en semicírculo a Ide, con las armas bajas pero dispuestas. Ide no cayó en el error de considerarlos iguales. La forma de moverse, de reaccionar unos respecto de los otros, mostró a Ide que el líder era el segundo por la derecha. Ide reajustó su paso para caminar directamente hacia él, y se detuvieron. Arakosia se mantuvo dos pasos por detrás de Ide, y exudaba una confianza casi sobrenatural.

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